El desarrollo económico del siglo XXI demandas políticas públicas activas que impulsen la innovación, la diversificación productiva y la retención del talento local. En este escenario, el ecosistema emprendedor y las empresas de base tecnológica (startups) se consolidan como motores fundamentales para la generación de empleo genuino, el incremento de la competitividad regional y la transformación de las matrices económicas tradicionales.
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